Esperanza.

disidencia

Siempre que acudo a las Jornadas de la Disidencia me pasa lo mismo. Disfruto, aprendo, escucho otras opiniones como la mía o diferentes. Saludo a camaradas que llegan de otras partes de España y de Europa. Me siento en camaradería, veo libros que no puedo ver en otros sitios y sobre todo se me mueve algo muy dentro. Creo que ese sentimiento se llama esperanza. Esperanza cuando en plena era de la estupidez viene un pensador de Rusia, me da una lección magistral de sabiduría y me doy cuenta que tengo más que ver con él que con muchos de mis compatriotas. Esperanza cuando veo a espartanas del Círculo Atenea organizarse para reivindicar a esas mujeres de antes y de siempre que son nuestras madres, hermanas, esposas, amigas… ¡Reinas!. Esperanza cuando alguien que ha sido preso político por defender su ideal de toda la vida, te firma un libro con la mejor de sus sonrisas y te sientes como un enano ante un gigante. Esperanza cuando escuchas a un anciano que ha dedicado toda su vida a la causa. Esperanza cuando camaradas de Europa vienen a decirte que a ellos los pasa lo mismo que a ti porque en definitiva tenemos al mismo enemigo en frente. Esperanza cuando en medio de la mediocridad nacional, ves a jóvenes que si gobernaran tomarían decisiones tajantes para levantar el país, porque ellos no saben lo que es venderse a los miserables de la usura internacional. Jóvenes que son infinitamente superiores en lo moral y en lo ético a cualquier diputado, senador, presidente, alcalde o concejal de nuestro país. Esperanza en definitiva, cuando ves que unos pocos dan tanto sin pedir nada a cambio. Quizá tan solo el respeto y el respaldo de un pueblo que es experto en olvidar a sus héroes. Y aun así continúan luchando por ese pueblo.

A veces el derrotismo se nos sube a las barbas y parece que va a entrar por nuestra nariz para asfixiarnos. A veces el pequeño ser egoísta que llevamos dentro, ansía tener un poco de esa felicidad que los imbéciles suelen llevar escrita en la cara. A veces realmente llegas a pensar que esto no tiene solución y que es mejor arriar la bandera. Cuando algo de esto pase por tu mente, piensa en todos los que sufren prisión por defender tu país, tu familia y a ti mismo. Piensa en los que se fueron, cumplida su misión, a ese Paraíso vertical donde solo van los mejores. Y piensa en ese grupo de patriotas para los que hay pocos días de fiesta, que militan las 24 horas del día y que lejos de exigirte nada, te regalan eso, Esperanza.

“Los que creen pueden conquistar” (Virgilio)

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