Cerriles.

templario

Un fanático es aquel que está dispuesto a todo por sus ideas porque sabe que las mismas sólo pueden traer el bien a su comunidad. Los valores son eternos y están por encima de las modas del momento. Pero un fanático no es aquel que no aprende de sus errores o que se empeña en seguir adelante sin aprender también de sus derrotas. Eso sólo lo hacen los estúpidos y los imbéciles. Los que terminan confundiendo los medios con el fin. Los que se aprenden de memoria los párrafos de los grandes pensadores, sin entenderlos y por tanto, sin aplicar el espíritu de los mismos. Los que se recrean en la simbología y la parafernalia, olvidando que son simplemente el espejo de las ideas. Los que viven exclusivamente de lo andado por otros, sin mirar en el presente el camino que hay frente a ellos aún por andar.

Estamos escasos de fanáticos. De hombres y mujeres que no teman a la muerte. De personas que hayan interiorizado que la materia no es el todo. Que el conocimiento es una de las formas de acercarse a Dios y de servir a los demás. Y no un don gratuito de superioridad sobre el resto de los mortales.

Por contra, de lo que andamos sobrados es de soberbios, cerriles, antipáticos e imbéciles.

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