Castilla y la España Grande.

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Ya nadie grita Castilla. Nadie quiere pertenecer a una tierra pobre que no pinta nada políticamente en España. Una tierra histórica como León, Navarra o Aragón, aparece ahora dividida en artificiales comunidades autónomas, que no han hecho otra cosa que borrar de la memoria de los castellanos el amor a su patria chica. Es triste que los niños madrileños crezcan hoy sin saber que Madrid es Castilla y que son tan castellanos como los de Cuenca o Burgos. Es triste que más al Norte se confunda a los jóvenes diciéndoles que son castellano-leoneses, como si se pudiera ser pera y manzana a la vez. Es triste que a Castilla La Nueva hoy se la llame Castilla La Mancha, cuando La Mancha no ha sido otra cosa en toda su Historia que una comarca castellana. Es triste que Santander, Puerto de Castilla, sea hoy conocida como Cantabria o que una comarca como La Rioja, de nombre a toda una provincia castellana como Logroño. Todo para evitar preguntas incómodas como “si todos somos castellanos, porqué estamos divididos en 5 trozos”. La misma manipulación que los separatistas hacen en las escuelas del País Vasco o Cataluña, la hacen aquí los separadores. Y lo peor es que lo hacen en nombre de una España democrática y liberal que es la antítesis de Las Españas ancestrales. De aquella España Imperial fuerte y unida en la diversidad de sus reinos y culturas.

A Alemania le amputaron Prusia para evitar su renacer nacional. A España le amputaron Castilla, exactamente para el mismo fin. Sin Castilla presente, jamás volverá a existir una España grande. La mazmorra donde los liberales metieron a Castilla en 1978, terminará siendo el mausoleo mortuorio de España entera.

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