La Cruz de Iglesias.

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Hace unos días, ese diputado que se cree más listo que el resto de los mortales por haber sido profesor de universidad y que atiende al nombre de Pablo Iglesias Turrión, hacía una despectiva referencia a la Cruz de Borgoña y su significado. Sin duda se refería a cuando durante nuestra Cruzada de 1936 a 1939, los gudaris del PNV se entregaban cobardemente al Ejército Nacional, para evitar ser capturados y ejecutados en el acto por los Requetés carlistas. Aquella Cruz de Borgoña sobre paño blanco era la enseña del Carlismo, ciertamente.

Pero esa enseña no comenzó ni terminó en el movimiento carlista. Era mucho más antigua. La Cruz de Borgoña o de San Andrés eran las armas de Felipe El Hermoso. Esposo de Juana I de Castilla y que permanecieron como enseña de los ejércitos castellanos y más tarde de los Tercios Españoles. A nuestros soldados les gustaba combatir bajo esa Cruz santa, en la que había sido martirizado San Andrés. Se sentían protegidos y en verdad, bajo esa bandera católica, en sus diferentes formas, los ejércitos españoles fueron literalmente invencibles. De hecho se puede considerar bandera nacional española entre 1506 a 1843. Casi 3 siglos. Y aún lo es de algunas regiones y provincias hispanoamericanas y de muchos regimientos de lo que queda del Ejército Español.

Pero esa bandera es más aún. Fue la primera bandera de la Monarquía Hispánica restaurada por los Reyes Católicos en 1492. Esa Monarquía que unió a toda España hasta 1640 (independencia de Portugal) en una especie de confederación de pueblos, reinos, virreinatos de ultramar y señoríos, bajo la soberanía de un mismo rey, cuyo primer mandato era la defensa de la Fe Católica. Porque esa era la verdadera argamasa de aquella España. La Fe y el Rey. Luego cada territorio tenía sus propias leyes, lenguas, usos y costumbres. Todas diferentes pero todas españolas. Pero ante la amenaza de uno solo de ellos, el Rey y el resto de territorios acudían en su defensa. Por eso me extraña un poco el desprecio hacia esa bandera del señor Iglesias Turrión. Él, que tanto presume de ser federalista. Aunque ya sabemos cual es su federalismo. Apoyar a los separatistas en Navarra, Vasconia y Cataluña, mientras se niega a reconocer los derechos de la Región Castellana y de la Región Leonesa.

Aunque no ha de extrañarme tanto su desprecio por lo antes mencionado. El carácter católico de esa bandera española. Dado que este diputado no hace honor a su apellido y profesa un anticristianismo más que evidente, a la par que un profundo respeto por el Islam (por principio los progres aman todo lo que es contrario a Cristo). Y como a todo buen anticristiano, los símbolos de Cristo le repelen. Como a los vampiros.

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Pero me alegra ese odio y esa repulsión hacia esa bandera que tantos españoles amamos y defendemos. Dice el refrán castellano que “si no quieres caldo, toma dos tazas”. Y eso es lo que le vamos a dar a este diputado, hijo de un militante de la banda terrorista FRAP. Dos tazas. A partir de ahora, cada vez que acuda a una movilización callejera, me va usted a ver con esa bandera. Por ser española, por honrar a Cristo con ella y por recordar a esos valientes carlistas que usted tanto ha despreciado y que dieron por Dios y por España lo mejor de sus vidas.

¡Viva Cristo Rey!

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