La España Grande.

iberia_hispaniaUna de las asignaturas pendientes del mundo patriota sigue siendo el reconocimiento de la diversidad de España. No basta con decir que es diversa y recordar lo de la unidad de destino. Tiene que traducirse en hechos concretos. Algunos siguen empeñados en un patriotismo a la francesa y eso no es precisamente lo más español. La España que añoramos, la grande, la imperial, la católica, nacía en 1492 de la mano de los Reyes Católicos. Pero aquella España no era precisamente uniforme. Era una España con aduanas y fronteras entre reinos. Cada pueblo tenía sus leyes, usos y costumbres propios. En Cataluña se hablaba Catalán. En el Reino de León una variante del bable asturiano o Leonés. En Vascongadas se hablaba Vasco. Cada pueblo vivía libremente sus propias tradiciones, sin intentar imponer su cultura al vecino. Castilla era una de las grandes potencias europeas y en buena parte de sus villas sus habitantes se regían por sus propios fueros, llegando incluso a elegir a sus propios procuradores en Cortes por sufragio universal (mujeres incluidas). Y todos esos pueblos y reinos estaban ferreamente unidos entorno a dos pilares fundamentales. La defensa de la Fe Católica y la figura del Rey. Los liberales de 1812 acabaron con todo aquello, aprovechando el vacío de poder tras la invasión francesa de 1808. Sin legitimidad alguna, se auto proclamaron representantes del pueblo y elaboraron una Constitución que lo primero que hacía era precisamente liquidar los viejos reinos, fueros y señoríos, que eran la base auténtica de la Nación Española. Luego dividieron al país en provincias, al más puro estilo francés. La resistencia a ese liberalismo se plasmó en 3 Guerras Carlistas y finalmente el triunfo liberal. Tras lo cual, España perdió su Imperio, su Fe fue mermada y los sucesivos reyes cedieron el gobierno del país a logias masónicas de obediencia británica y francesa. Llegó la modernidad y la carestía a las clases populares.
 
¿Se trata de volver al pasado?. No. Se trata de superar el presente. Saber quienes somos y de donde venimos. No somos Francia, no somos Alemania, no somos Italia. España era una nación antes de que ese concepto se asociara al de Estado Moderno, fruto de la Revolución Francesa. Por tanto, no podemos ser una nación en los mismos parámetros que las naciones liberales. Entre otras cosas porque a España, más que a nadie, el Liberalismo le ha sentado como la Peste. En España Liberalismo y decadencia van íntimamente unidos.
 
Decía José Antonio que todo proceso de regeneración español debía tener un sentido católico. Es cierto. Pero también pasa por reconocer por parte de ese estado regenerado, todas aquellas unidades que forman el cuerpo de la Nación. Sus pueblos, sus antiguos reinos, sus culturas. En definitiva esa diversidad. Que todas las lenguas de España, empezando por la común que es la Castellana, sean reconocidas, cuidadas y estudiadas en todos los rincones del país. Que el Castellano esté protegido en aquellas zonas españolas con otras lenguas propias diferentes del Castellano. Y que esas lenguas propias también sean conocidas en los colegios e institutos de las zonas castellanoparlantes. Esa será la única manera en que todos los españoles seamos conscientes de nuestro verdadero patrimonio cultural y lingüístico.
 
Si somos una unidad en lo universal insisto, habrá que empezar por reconocer esas unidades, esas células con vida propia que en conjunto forman la Nación Española. Todo lo que suponga atentar contra ellas, significará en definitiva continuar la labor anti española y homogeneizadora de aquellos liberales afrancesados, de sus logias y de todas aquellas políticas nefastas que nos han conducido al putridero en el que nos encontramos a día de hoy. No olvidemos que sin el Liberalismo hoy no tendríamos separatistas pero tampoco separadores.
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