Feliz Navidad.

 

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En primer lugar Feliz Navidad a los que seguís este humilde blog y mi agradecimiento a vosotros. También Feliz Navidad a Jorge Mario Bergoglio para ayudar a que se convierta. De paso también a todos los cardenales y obispos que le siguen en su apostasía. Entre ellos a todos esos obispos de la Conferencia Episcopal Española, que han arrastrado a lo largo de este año por el fango la poca credibilidad que tenían entre los católicos españoles. No se preocupen. Rezamos por ustedes. Pero la X en la Declaración de la Renta se ha terminado. Ya pueden reposar tranquilos en sus sepulcros blanqueados.

También mi Feliz Navidad a todos los ateos. Particularmente a quienes para disimular su ateísmo se denominan “paganos”. Mi ánimo y mis oraciones para que no persistan en su error. También a quienes practican el paganismo del postureo en las redes sociales. Incluso para alguno que se ha erigido en sumo pontífice del paganismo cristianófobo, al igual que su paisano Bergoglio. Tal para cual… También rezo por usted, “maestro ciruela”.

Y mi Feliz Navidad para todos mis enemigos, que son los de España. Por los cuales también rezo. Que Dios nos ilumine a todos en compañía de nuestros antepasados y no nos ahorre tribulaciones y luchas. Que a través de ellas nos santifique. Nos lleve a la victoria. Y que tengamos la dicha de ocupar nuestro puesto en ese Paraíso vertical junto a los ángeles con espadas.

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo. Y que Viva Cristo Rey.

No y mil veces No.

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A estas alturas de película, huelga describir la situación que sufre nuestra Patria. Pero conviene recordar cual es la fuente de la que proceden nuestros males. Y ésta no es otra que la Carta Magna. Muchos dicen que sus padres fueron unos ingenuos. Que ellos tuvieron una altura de miras que los políticos de hoy no tienen. Todo mentira. Aquel aborto de 1.978 estuvo perfectamente planificado. Don Blas Piñar, que en gloria esté, ya nos lo advirtió una y mil veces. Nos dijo que no se trataba de destruir el Régimen del 18 de Julio. Sino de liquidar por completo España. Y en eso estamos. En su capítulo final. Por eso recurro a esta imagen elocuente de la FEI de los años ’90. España está al borde del precipicio. A poco que alguien la sople caerá al abismo. Con ella caerán no solamente una bandera. Caerán logros sociales conquistados tras la Guerra Civil. Y ojala me equivoque, pero tras la caída de España vendrá el hambre, la guerra y la muerte.

Pero no quiero hoy ser catastrofista. Ya sabemos que todo esto en última instancia es una batalla espiritual. Lo que es en el Cielo será en la Tierra. Lo que nos conforta en que la victoria es segura tras pasar la tribulación. Por tanto encomendémonos a ese Cielo. Al Trono de la Divina Providencia para que nos ayude a salir de nuestra indolencia y cobardía como españoles. Que por nosotros interceda nuestra Madre y todos los Santos. Y que junto a ellos recen por nosotros todos nuestros antepasados. Aquellos que ayudaron a levantar esta gran nación con su energía, su sudor y su sangre.

Laus Deo

¡Arriba España!